Hace unos meses el
Boulevard santaclareño, muestra de inequívoca transculturación estética, ha
sido renovado. En un escenario que han dado en llamar Boulevard de media noche, se agrupan artistas aficionados y
profesionales de la provincia en lo que parece ser una lucha descarnada por
ocupar el espacio audible de los que pasan, ya sea ocasionalmente o
conscientemente por esta zona. Hasta ahí solo podemos ver una cosa común en la
cultura cubana, reggaetón por un lado, timba por el otro, pop latino y hasta música
campesina, no queda espacio para pensar…habría que ver si esa es la primera
razón de todo. Al final de esta escena del Reino
de este mundo, tenemos una tienda de Artex (Artex S.A. es una sociedad mercantil cubana que tiene como objeto
social fundamental la promoción y comercialización de un amplio espectro de productos
y servicios de la cultura cubana. Sus divisiones comerciales y agencias sirven
de soporte a la oferta de productos de la industria cultural y de servicios
exclusivos del arte y la cultura cubana.), frente a la cual han situado uno
de los espacios-peñas habituales, dedicado fundamentalmente a personas adultas
que rondan los 40 o más años. En este espacio físico, que no es otra cosa que
una calle, toca un grupo cada sábado en la noche, y cada sábado a la misma hora
se disparan las alarmas de la tienda frente a la cual, los animados músicos de
la provincia tratan de salvar la situación…
Todo el mundo sabe
lo que significa ser un intérprete de música popular cubana de provincia, no
solo tocas lo que todo el mundo toca, sino que lo haces desde una desventaja
que parece ser fatalismo geográfico, y que no se puede arreglar de ninguna manera,
porque que quede claro, Santa Clara es una de las plazas culturales más
importantes del país y eso no constituye exactamente una ventaja para los
artistas.
En este escenario
que les narro, y repito: Personas de 40 años en adelante, con algunos tragos, música
internacional en voz de los artistas del patio, que no solo son intérpretes de
lo popular sino que realizan versiones a ritmo de salsa de cuanto tema haya
popularizado lo mismo Selena que Marco Antonio Solis…aparece como por arte de
magia el pitido de la tienda de Artex, que además se enorgullece con
promocionar lo mejor del arte cubano, Artex, no el pitido. Saramago pensaría que el pitido, todo
aquel que lo ha escuchado sabe que no hay palabras para describirlo, es una
prueba de que el arte que se promociona en nuestras tiendas no es precisamente el
popular, que la tienda se revela ante la fiestecita
que le han montado enfrente. Porque claro que está que no puede ser otra la
razón para que inmediatamente que los músicos empiezan a tocar el ruido
comience, con la misma intensidad que si la tienda estuviera siendo asaltada,
al rato el ruido desaparece, cuestión que puede indicar que alguien apaga la alarma o que esta se toma su tiempo,
para 5 minutos después aparecer con la misma intensidad. Definitivamente
o Artex repudia la música popular bailable, o algún funcionario de cultura no
ha interpretado la situación del pitido como la posible, y aclaro, solo
posible, molestia a los que pretenden disfrutar del Boulevard de media noche.

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